Entre neologismos e hijos de la gran puta


Quiero llamar a reflexión sobre una frase cuyo uso se extiende más y más a lo largo de la región y la cual, a mi criterio, tiene grandes posibilidades transformativo-generativas dentro de la lengua. Me refiero a hijo de la gran puta. Para empezar, nótese que la frase ha evolucionado («degenerado», dirían otros en desacuerdo conmigo) a hijuelagramputa. Tal giro lingüístico puede convertirse en una raíz interesantísima para toda una gama de construcciones morfológicas que, además de enriquecer nuestro idioma, lo dotarían de una versatilidad inimaginable. Hijuelagramputa sería la plataforma para concebir, como primer paso, el verbo hijuelagramputear. Discusiones académicas podrían surgir en torno a si el verbo a instituir sería hijuelagramputear o hijuelagramputar. Pero es mi deseo, ya que vaticino el problema, antecederme a tan bochornosa situación e inclinarme por la aceptación del primero como infinitivo, ya que el segundo, hijuelagramputar, cuyo morfema flexivo alude al caso colectivo, funcionaría mejor acaso para referirnos a un conjunto de hijos de la gran puta. Así pues, y suponiendo de antemano que el infinitivo a instituir por la Academia sea hijuelagramputear, cuya definición de diccionario vislumbramos ya como: «Ser o comportarse como un hijo de la gran puta», desde ya podemos deducir las conjugaciones de un verbo regular intransitivo: yo hijuelagramputeaba, tú hijuelagramputeas, él o ella hijuelagramputeará, nosotros hijuelagramputeáramos o hijuelagramputeásemos, vosotros hubiereis hijuelagramputeado, ellas o ellos hijuelagramputearían, etcétera. Las posibilidades de que dicho verbo se convierta en reflejo (hijuelagramputearse, me hijuelagramputeé o te hijuelagramputeas) dependerán, por supuesto, de la estima que tenga el hablante de sí mismo o de la persona a que se refiere. Ahora bien, ya existe el adjetivo hijuelagramputa. La Academia nos avala para calificar de hijuelagramputa a persona, animal o cosa nombrada por sustantivo como en: “El perro hijuelagramputa se meó en mi cama”; y por lo tanto para formar predicativos como: «Ese chofer es un hijuelagramputa». Es aquí justamente donde no quisiera pasar por alto el problema de la sustantivación de nuestro adjetivo ni, por tanto, el escollo morfológico que el soslayo de dicho problema podría causar. ¿Qué palabra entonces nombrará la calidad de ser o poseer la característica denotada por hijuelagramputa? ¿Qué sustantivo le corresponde? ¿Hijuelagramputez, hijuelagramputura, hijuelagramputancia, hijuelagramputidad? Si se me permite nuevamente, creo que el término adecuado sería el primero. Por razones de fluidez y eufonía lingüísticas encuentro acertado decir, en un momento de exacerbación, discrepancia o perplejidad, «¡Es que no soporto su hijuelagramputez!», para denotar así la actitud de alguien que se está comportando hijuelagramputamente (y nótese que sin querer he propuesto de una vez el adverbio de modo simple). Pero no quiero concluir este ensayo sin antes definir satisfactoriamente el sustantivo colectivo, al que aludí unas líneas atrás, hijuelagramputar. Aunque el infinitivo ya quedó instituido como hijuelagramputear, siento que podría haber confusión entre estos dos términos. Por lo tanto observemos que, en el plano coloquial, el hispanohablante de por estas latitudes tiende a formar colectivos con los sufijos –erío y –al, como cuando dice hombrerío o mujeral, para referirse a un copioso conjunto de hombres o mujeres respectivamente. No pongo, pues, objeción alguna en que se diga: «¡Hubieras visto el hijuelagramputal que llegó a la fiesta!», o «Cierra la puerta, que no quiero ver un hijuelagramputerío aquí dentro». Según mi criterio, ambos sufijos funcionan, aunque preferiría usar –al para acortar el número de sílabas de nuestro neologismo, ya de por sí muy largo. Para finalizar, y luego de pedirles que se refieran por hijuelagramputita (y no hijuelagramputito) a un pequeño hijuelagramputa, y por hijuelagramputón a uno grande, quiero despedirme de ustedes con un par de exhortaciones. A los lingüistas y académicos, por favor apresuremos la aceptación e institución de este neologismo y de todas sus variantes morfológicas, e instemos al mundo de habla hispana a que los use como en este ensayo se indica. Nuestro idioma, tanto como la riquísima cultura formada alrededor de él, se verá favorecido. Y a quienes se preocupan por hablar y escribir el castellano como se debe, ¡que no desmaye el celo por mantener la corrección y propiedad de nuestra bella lengua! Utilicemos siempre las normas aquí propuestas y no permitamos que ningún hijuelagramputa deforme y atropelle nuestro ya tan desvirtuado español con dicciones tan malsonantes como incorrectas. Vale.


Texto incluido en El retorno del cangrejo parte cuatro, páginas 44 a 46.



Esta entrada fue publicada el 16 de enero de 2012 a las 11:54 am por el autor, cuenta hasta ahora con 3 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Imagen, Postexto, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
3 comentarios

  • 19 de enero de 2012
    9:19 am

    Alguna vez escribí un texto llamado: Apología de la gran puta, en el número 0 de ZUM. Debería hacer un “mashup” con tu texto. 🙂


  • avatar
    Carlos
    19 de enero de 2012
    3:29 pm

    FALTA AGREGAR QUE ES UNA BELLA EXPRESION REGIONALISTA QUE LOS DEL ORIENTE DEL PAIS USAN CON UN AMOR PARA SUS AMIGOS Y PARIENTES MAS QUERIDOS… ASI
    ¿COMO TE FUE EN EL VIAJE VOS HIJUEPUTA? PERO CANTADITO.


  • avatar
    mhaim
    12 de febrero de 2012
    6:30 pm

    No entiendo la correccion de la M antes de la P, es muy gramatico, eso esta bien para la año 55 Chayo Molina que la confundo por su parecido de cascarita con la Luz Mendez, claro! en mi tierra la raiz es putear y de ahi se derivan las demas; y ya se reduce a “jueputa”. Felicidades asi aprendemos los que no escribimos


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