Del despropósito de buscar atlántidas y griales en el afán histérico de ser histórico


De la serie Un poco de crítica seria sobre cosas nada serias

Algunos científicos y seudocientíficos especulan sobre la factibilidad e historicidad del Éxodo bíblico. Que si habrá evidencias de que el mar se retiró para que un pueblo entero lo cruzara, que si las plagas sucedieron o no, que si habrá existido realmente el maná con que Moisés y los hebreos se alimentaron durante sus largas deambulaciones por el desierto, que si esto, que si lo otro. Todos estos investigadores ofrecen sus hipótesis geológicas, climatológicas, biológicas, filológicas, fisicoquímicas y arqueológicas sobre cómo pudo haber pasado todo eso. No niego que las conjeturas de estos estudiosos sean interesantes, pero yo estoy seguro de algo. Si la historia del Éxodo no formara parte de la Biblia, sino del Popol Wuj, de un Veda indio o de algún tratado sobre mitología griega, nadie o casi nadie estaría poniéndole tanta atención. Nadie o casi nadie estaría preguntándose si es factible o no que sucedan tales eventos. Todos o casi todos simplemente veríamos el Éxodo como un mito, como un relato cuya verdad de fondo es más simbólica que histórica o factual, y ya no le daríamos más vueltas al asunto. Nadie o casi nadie estaría invirtiendo tanta elucubración histórica y científica en tal narración, del mismo modo que nadie en la actualidad se pregunta si los doce trabajos de Hércules fueron un evento real o al menos factible, como tampoco nadie especula hoy en día sobre la viabilidad o historicidad de la caja de Pandora. Seguro que muchas de esas relaciones, tanto bíblicas como de otras fuentes, deben de contener elementos dignos de ser estudiados por la historia y la ciencia. No obstante, si ya de entrada catalogamos como mitos los relatos de Hércules y Pandora y les negamos la posibilidad histórica, ¿por qué narraciones bíblicas como la del Éxodo israelita, la del arca de Noé, la de Sodoma y Gomorra y hasta muchos fragmentos de la vida del mismo Jesús sí ameritan ser vistos e investigados como posibles hechos históricos? ¿Merecen un trato especial solo por formar parte de las creencias de una de las mayores religiones del mundo actual? ¿Acaso son más sagradas que las historias mayas, griegas, indias o celtas en sus respectivos momentos y contextos?



Esta entrada fue publicada el 18 de abril de 2011 a las 11:08 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 1 comentario, fue clasificada dentro de las categorías Postexto, Un poco de crítica seria sobre cosas nada serias, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
1 comentario

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    Fernando
    5 de mayo de 2011
    1:15 pm

    A lo mejor se debe a la frecuente insistencia de ciertos sectores del cristianismo en la veracidad de estos “hechos” en contraste con las demás estructuras mitológicas y sistemas de creencias cuyos seguidores son capaces de comprender un mito o un símbolo como tal.


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