Declaración del autor sobre la calidad del vocabulario empleado en sus textos, en una alegoría absurda que también puede ser leída como un ensayo sobre acartonamientos y otras formas hipócritas de esconder la caja de lustre


Por este medio informo a la opinión pública que, como escritor serio, medido y respetuoso de mis lectoras y lectores, evito en todo momento el ineficaz y grotesco uso de palabrotas. «No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti», reza alguno de esos sabios aforismos de la coloquial, cotidiana y no por eso inculta vox pópuli. Y este servidor, al igual que cualquier otra persona lectora, jamás quisiera verse abrumado por esas horribles y fáciles palabrotas de escritor novato cuya audacia causa, las más veces, más escándalo que eficacia comunicativa. Por qué habría yo de someter entonces a mis lectores y lectoras a semejante ultraje. Dado lo anterior, y ante mi público lector como testigo, de mis textos destierro oficialmente palabrotas como inverosimilitud, inconmensurabilidad, descontextualización, sociopsicoantropológico, políticamenteincorrecto y otras de igual o mayor tamaño cuya obscenidad, malsonancia y ridiculez afean la sonoridad del discurso literario, vilipendian el fino gusto de la persona lectora, menoscaban la imagen del autor y, como consecuencia, reafirman esa justa y clara noción de que todo escritor que recurre a palabrotas es un malnacido hijo de puta de mierda. Gracias por tomar nota.


Texto incluido en Cero coma cero, páginas 72 y 73.



Esta entrada fue publicada el 15 de octubre de 2012 a las 12:21 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 0 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Microficción, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
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