De la Matrix a la praxis (reflexiones sobre cómo a veces la realidad y nuestra concepción de ella pueden ser dos mundos paralelos)


De la serie Ese afán posindustrial de pensar a colores y hablar en blanco y negro

Entre las frases más memorables de The Matrix hay una que Morfeo (Laurence Fishburne) le dice a Neo (Keanu Reeves) casi al final de la película. Recordemos que Morfeo creía con vehemencia que Neo era el elegido, pese a que la pitonisa había dicho lo contrario. Sin embargo, luego de todas las hazañas del protagonista, resultaba evidente que él sí era el mesías anunciado por las profecías. Por ende, Neo le pregunta a su mentor, Morfeo, cómo era posible que la pitonisa hubiera equivocado su dictamen. Morfeo le responde que «hay una diferencia entre conocer el camino y caminar el camino». Dicho en palabras menos místicas, la clásica dicotomía entre teoría y práctica. Todo esto viene a que, de un tiempo para acá, por alguna razón asocio mucho aquella frase de Morfeo con los resultados de la psicometría. Sucede que muy a menudo olvidamos que los diagnósticos de dichas evaluaciones psicológicas suelen ser solo tendencias o disposiciones, que muchas veces hasta contrastan con la realidad empírica. Por ejemplo, las viejas pruebas Otis para medir la inteligencia clasifican como genio a la persona con un cociente intelectual (CI) de 140 o más, pero hay personas con obscenos CI mayores de 200 que no han hecho nada genial o extraordinario en sus vidas, mientras que otras con CI más moderados incluso han revolucionado el mundo. La genialidad, pues, es uno de esos caminos que la psicometría conoce, pero que solo se pueden caminar caminando, si se me perdona la tautología. También me viene a la mente el ejemplo de los famosos trastornos antisociales de la personalidad. En esta época de grandes avances médicos, las ciencias de la mente están logrando descifrar el cerebro y el pensamiento de los denominados psicópatas o sociópatas con la esperanza de prevenir las malévolas acciones de estos. Los psicólogos han logrado identificar algunas de las características prototípicas de la psicopatía (como las carencias de empatía y de remordimientos, por mencionar quizá las más difundidas). Incluso debe de haber personas, tal vez de pensamiento un tanto reaccionario, que ven esto con fruición en el sentido de iniciar futuras cacerías de brujas contra los infames psicópatas, en consonancia con algunas historias de Orwell o Dick. Pero de nuevo se nos olvida la realidad: hay psicópatas diagnosticados que en su vida han matado una mosca, mientras que una infinidad de crímenes violentos han sido cometidos por personas que no encajan clínicamente en aquel perfil. De hecho, me atrevería a asegurar que la mayoría de personas que cumplen condenas en cárceles no son psicópatas y que la mayoría de maldades las cometen hombres y mujeres con personalidades no antisociales, probablemente a raíz de alguna crisis temporal, por llana ignorancia, por algún error hasta bienintencionado o incluso acatando órdenes de superiores, arrastrados por el más absurdo y estúpido mecanicismo burócrata (que, no olvidemos, ha sido causa hasta de genocidios a lo largo y ancho del orbe). Tenemos, por ende, que el diagnóstico de psicopatía puede señalar una predisposición a actuar sin considerar a los demás y sin medir consecuencias, pero no forzosamente una condición sine qua non para el crimen y la maldad. Y esto es algo que solemos olvidar, a lo mejor porque anhelamos respuestas absolutas y, por tanto, no toleramos los relativismos epistemológicos y el cariz de provisionales con que la ciencia suele presentarnos sus conclusiones. Porque la psicometría es un instrumento invaluable y eficaz para sondear las profundidades emocionales y mentales del ser humano. De ella dependen los diagnósticos que permiten tratar dolencias o simplemente determinar si equis o ye individuo califica o no para un puesto de trabajo. Pero hay que entender que las pruebas psicométricas son aproximaciones, no oráculos. Asomos de la realidad, no quintaesencias reveladas. Como bien sugería Morfeo en el filme, la teoría es solo un ensayo mental de la praxis. La teoría imagina caminos, pero no los camina.



Esta entrada fue publicada el 19 de marzo de 2014 a las 7:16 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 4 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Ese afán posindustrial de pensar a colores y hablar en blanco y negro, Postexto, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
4 comentarios

  • 7 de abril de 2014
    2:52 pm

    Gracias por compartir tan interesante razonamiento e invitarnos a pensar. Cordialmente, Chente.


  • 8 de abril de 2014
    12:13 am

    Esta reflexión psicofilosófico práctica me produce miedo: ¿Acaso soy un asesino y no lo sé todavía? ¿Puede que sea un monstruo y no lo sé? Todo porque el texto está tan bien escrito que me lo creo y me provoca pensar en mis internas y desconocidas genialidades.


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    el autor
    8 de abril de 2014
    10:11 am

    Vicente, gracias por comentar.

    Carlos René, gracias también por comentar. Así es: hasta que uno no camina el camino no se viene a enterar de que es mesías, genio o psicópata.


  • 5 de mayo de 2014
    10:13 am

    Gracias, sucede que en el ámbito judicial, para dar un permiso de salida, ubicar en fase o conceder un beneficio peniteniciro a un recluso, se recurre a la psiocmetría y con frecuencia se niega el “beneficio” olvidando que “La teoría imagina caminos, pero no los camina.”


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