De juventudes contestatarias y otras lecturas clásicas


Un adolescente recorría los anaqueles de una librería. Buscaba una lectura incendiaria. Frenéticamente ansioso de rebeldías con causa, leía uno por uno los títulos en los lomos cuando de pronto, buscando en el estante de los libros más calientes del momento, divisó una carterita de cerillos. Al muchacho se le iluminaron los ojos. Tomó la carterita, levantó la solapa y arrancó un cerillo. Por prenderlo estaba cuando un adulto, que andaba por ahí cerca en busca de una lectura clásica —y que según cuentan era bombero—, se le acercó y le dijo: «Vas a provocar un incendio». «No veo nada inflamable cerca», respondió el joven, con algún tono desafiante. «La cabeza», se apresuró a objetar el adulto, «la cabeza es material altamente inflamable». «Pero una cabeza no sirve de nada si nunca se enciende», fue la respuesta lapidaria del adolescente, quien luego solo le dio la espalda al adulto, cerró la carterita y encendió el cerillo.


Texto incluido en Cero coma cero, página 49.



Esta entrada fue publicada el 18 de septiembre de 2011 a las 6:25 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 0 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Microficción, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
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