De cómo lo blanco trae consigo el germen de lo negro y viceversa, tal como lo plantea la metonimia gráfica del yin-yang


Hubo una vez un lejano país donde se prohibió el arte y la poesía. Pero los opresores de aquel país no eran cualesquier tontos. Para sofocar el más mínimo conato de inspiración artística, vedaron bajo pena de muerte el uso de las figuras y el lenguaje figurado. Los agentes de la PAF (Policía Antifiguras) recorrían las calles y vigilaban a todo transeúnte en espera de que a alguno se le escapara la más leve metáfora, la más elemental comparación, incluso el más inocente metaplasmo (no se perdonaba ni siquiera el mami con que el niño se dirigía a su progenitora), para aprehenderlo y conducirlo a la jefatura. Cierta vez, el capitán de la PAF, hombre honesto y severo, le aconsejaba a su rebelde hija adolescente que solo usara lenguaje plano, pues de lo contrario se vería en la penosa obligación de arrestarla. «Pero, papá, ¿qué es exactamente el lenguaje plano?», preguntó la joven. El papá comenzó a explicarle que el lenguaje plano era uno plenamente objetivo y referencial. Lo que se ve es lo que se dice y punto. Se ve un árbol y se dice «veo un árbol», y no «mis pupilas se inundan de verde», «una rama levantó el velo a la niña de mi ojo» o similares, pues giros como los dos anteriores pervierten la acción de ver convirtiéndola en partes y características del órgano de la vista, deforman el árbol tomando solo partes y características de dicha planta y hasta degeneran la comunicación objetiva añadiendo ideas ajenas al acto de ver el árbol, como inundación y sensualidad. Estos giros constituyen construcciones en lenguaje figurado y, como tales, son antipatrióticos y antisociales e impiden el desarrollo de la nación. El lenguaje plano, en cambio, no permite valoraciones subjetivas, por lo que es progresista y es el que la patria necesita para salir adelante. Pero es la ausencia de ornamentos la razón por la cual a este lenguaje se le llama plano, porque es liso, llano, como una meseta regular, carente de montañas y barrancos. Precisamente de ahí su nombre. «Ya entiendo», dijo la adolescente. «El lenguaje plano recibe su nombre por su comparación con una superficie plana, sin accidentes». «Así es, hija», prosiguió el papá. «Del mismo modo que la palabra lenguaje viene de lengua, órgano físico que, junto con los dientes, los labios, el paladar y las cuerdas vocales, utilizamos para pronunciar sonidos y articular palabras. Dicho de otra manera, hija mía, lenguaje es una traslación metonímica de lengua, de la misma manera que plano es una traslación metafórica de la meseta plana, de la misma manera que policía es una traslación metonímica del antiguo griego polis, que significa ciudad o pueblo, del mismo modo que… PERO ¡QUÉ CHINGADOS ESTOY DICIENDO!». «Sí, mi capitán, igual que qué chingados es una metáfora por qué cosas malas, inadecuadas o inconvenientes», dijo un guardaespaldas del capitán. «Queda usted arrestado». «No tan rápido, cabo», dijo otro guardia. «La palabra arrestado es una traslación metafórica del verbo restar, es decir, disminuir, rebajar o cercenar. Además, la frase queda usted arrestado califica como una figura retórica denominada apóstrofe por la forma antagónica y fogosa en que se dirigió al jefe. Es mi deber detenerlos a usted y al capitán». «Pues los tres quedan detenidos», gritó un tercer guardia. «La palabra fogoso que usted acaba de usar en su explicación es también una traslación metafórica de la palabra fuego». «Igual que la palabra explicación», dijo otro guardia, «que es traslación metafórica de extender los pliegos. Los cuatro quedan detenidos». «Igual que la palabra palabra», interrumpió otro, «que es traslación metafórica de una lanza o flecha por arrojar. Acompáñenme los cinco a la comisaría». Y así, como deja entrever la imaginación, el número de personas arrestando a todas las anteriores fue creciendo en progresión geométrica hasta abarcar a la población completa del país. El caos fue devastador. La crisis y la ingobernabilidad llegaron a un extremo jamás alcanzado antes en la historia de aquella nación. No obstante, la gente no tardó en darse cuenta de que el lenguaje plano era una falsedad desde el origen etimológico de prácticamente cualquier término. Se desató la revolución y en tan solo días aquel gobierno totalitario fue derrocado.


Texto incluido en Cero coma cero, páginas 41 a 43.



Esta entrada fue publicada el 1 de agosto de 2011 a las 12:16 am por el autor, cuenta hasta ahora con 0 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Microficción, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
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