De cómo en ocasiones ni siquiera una premonición puede prepararnos para lo que viene
o
Un final alternativo para Alien, el octavo pasajero


De la serie Lentes tridimensionales para cíclopes tuertos

«Tú eres mi estrella de la buena suerte. Tú eres mi estrella de la buena suerte. Suerte suerte suerte suerte suerte suerte. Tú eres…», canta la oficial tercera Ellen Ripley con reiteración y nerviosismo, tratando de contener el pánico que amenaza con dominarla, mientras se acerca sigilosamente al tablero de mando de la nave de salvamento. «Tú eres mi estrella de la buena suerte», repite, metida en su traje espacial, y por fin alcanza a oprimir el botón. Un quejido agudo y crispante se escucha cuando la violenta despresurización de la nave despierta al alienígena. La bestia extraterrestre ve a Ripley a los ojos, emite un chillido estremecedor y se abalanza contra ella. «Tú eres mi estrella de la buena suerte», canta la oficial, casi gritando de terror, a la vez que abre la escotilla, le dispara un arpeo al monstruo y lo arroja fuera de la nave, al espacio exterior. Uno de los garfios perfora la piel del alienígena, que por tal razón se queda adherido al umbral del vehículo espacial y amenaza con reingresar a este. Ripley cierra la compuerta, pero entonces el extraterrestre busca entrar por una de las turbinas. La contramaestre de la nave comercial Nostromo inmediatamente enciende los motores, y el fuego expulsado por las turbinas carboniza al animal, cuyo cadáver queda flotando en el espacio. Ripley respira tranquila y se siente fuera de peligro. Se quita el traje espacial, registra en bitácora lo sucedido, programa la ruta de la nave en dirección a la Tierra y se acuesta en el habitáculo de hipersueño. Ya se dispone a dormir el largo camino de regreso a casa, cuando tras el vidrio de la cámara de hibernación ve el hocico retráctil de otra bestia alienígena. La astronauta se horroriza cuando aquellas fauces empiezan a golpear repetidamente el cristal y, más espeluznante aún, a pronunciar el nombre de la mujer. Ripley, Ripley, profiere el monstruo con voz grave escalofriante, como la de un muerto llamando de ultratumba, mientras sus colmillos somatan el cristal. Ripley, Ripley, toc, toc, toc. La oficial, aterrorizada e inmóvil, ahora siente que está perdida, que no hay nada que hacer, por lo que se abandona a su pánico y grita con todas sus fuerzas. Ripley, Ripley, toc, toc, toc. La última frontera no es el espacio, sino la mente, dicen, y a lo mejor la realidad detrás de esta frase es lo que Ripley experimenta en aquel momento de terror extremo: la mujer grita con todas sus fuerzas, y su propio grito la despierta. Ripley abre los ojos y poco a poco se va dando cuenta de que todo había sido una pesadilla, de que está en la nave Nostromo —no en la de salvamento—, de que todos sus compañeros de tripulación están vivos y de que a su alrededor no hay bestias xenomorfas de otro planeta. Ripley, Ripley, toc, toc, toc, sigue escuchando, sin embargo. Cuando ve al otro lado del cristal, su vista se topa con Dallas, el capitán del Nostromo, llamándola y golpeando el vidrio con los nudillos de una mano para despertarla. Ripley, Ripley, toc, toc, toc. La oficial por fin abre la escotilla de la cámara. «Dallas, no vas a creer el sueño que tuve…», trata de contarle a su jefe, pero este la interrumpe. «Ripley, a la sala de comunicaciones, ahora», manda el capitán y se marcha del recinto. Minutos después, los siete pasajeros del Nostromo, reunidos alrededor de una mesa de sesiones, escuchan del oficial científico Ash la explicación de que Madre, la computadora de la nave comercial, había detectado señales de posible vida extraterrestre en un planeta desconocido. Pero lo extraño era que la nave se había desviado «misteriosamente» de su curso y desplazado «sola» hacia el planeta de las señales. Todos ven al oficial Ash con sorpresa. Todos, menos Ripley, que lo ve con indignación. Ash se da cuenta y baja la mirada.



Esta entrada fue publicada el 27 de agosto de 2012 a las 10:27 am por el autor, cuenta hasta ahora con 2 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Lentes tridimensionales para cíclopes tuertos, Microficción, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
2 comentarios

  • 27 de agosto de 2012
    1:01 pm

    Ash sería el equivalente galáctico de el mayordomo, en un crimen de cuarto encerrado. ¡Saludazos!


  • avatar
    Clara Luz de Leon C.
    27 de agosto de 2012
    7:39 pm

    Me hiciste que me aterrorizara, crei que el moustro de la iba a comer viva, que buen narrador eres, jugas con la imaginacion, felicidades!!!!!!


  • Añadir un comentario

    Su correo electrónico nunca será publicado ni compartido. Los campos que sí es necesario llenar están marcados con un asterisco (*).

    *
    *