Viaje circular citadino con recorridos por la catarsis, la misoginia y la desdicha conyugal


De la serie Lentes tridimensionales para cíclopes tuertos

Me acerqué al taxista y le pedí una carrera de ida y vuelta. «Necesito dejar este paquete en esta dirección y luego regresar aquí mismo», le expliqué. Nos pusimos en marcha y llegamos al lugar. Me bajé, cumplí con mi diligencia y regresé al vehículo. Mientras reanudábamos la marcha el taxista me dijo, «sí pues, bien dije yo que adonde veníamos era a la par de ese condominio», señalándome el residencial que estaba a la vecindad. El taxista, señor de cuarenta y tantos, bastante afable y comunicativo, comenzó a contarme una experiencia vivida unos meses atrás relacionada con ese preciso condominio. Me contó que alguna vez había recogido en la calle a un pasajero que le había pedido una carrera justamente a ese lugar. «¿Ah sí?», le dije yo con sorpresa. «Sí», me dijo él y continuó con su relato. Llevó al pasajero a ese residencial, le dio su tarjeta por si alguna vez requería de sus servicios y se despidió. Contó el taxista que, dos o tres días después, el fulano lo llamó tarde en la noche. «Mire, necesito que venga a traerme ahorita mismo», dice que le dijo el señor, que además sonaba como mil demonios. El taxista fue a traerlo a ese residencial, porque allí vivía, y el pasajero ya lo estaba esperando en la entrada, solo que vestido en piyama y bata. «Lléveme adonde sea», dice que le dijo. «No quiero estar aquí, ya no aguanto a esa hija de puta», dice que decía. Fueron a alguna cafetería de veinticuatro horas, donde el fulano invitó al taxista a tomar un café y platicaron. El pasajero le contó que era infelizmente casado y que ya no soportaba a su esposa. Se desahogó durante alrededor de una hora, lapso en el cual la pobre señora resultó calificada con los insultos más denigrantes, y las mujeres en general de las maneras más misóginas, y luego le pidió que lo llevara de regreso a su casa. La escena se repitió varias veces. El señor lo llamaba alrededor de la medianoche, le pedía que fueran a tomar un café y, siempre en bata y piyama, se desahogaba de su fallido matrimonio. Luego pedía que lo llevara de regreso. Dice el conductor de taxi que todo el asunto le parecía muy extraño, pero que no le importaba porque al final de cuentas el fulano en ropa de dormir le pagaba muy bien, hasta con invitación a comer y propina. Dice que algunas de esas veces hasta fueron a echarse los tragos. Pero entonces, una de esas noches, el taxista llegó a dejar a su cliente al condominio luego de la acostumbrada sesión de cafés, tragos y catarsis del desencanto conyugal. Cuando el pasajero hubo entrado en el residencial, el guardia de la garita se le acercó al taxista. «Perdone que sea shute, pero veo que usted viene a traer y a dejar a don Fulano todas las noches», dijo el agente. Y el taxista le explicó que sí, que parece que tiene problemas conyugales muy serios y que lo que quiere es hablar con alguien para desahogarse. «Pajas», dice que le dijo el agente. «Si don Cuento es soltero», le comentó a continuación, y le explicó que el tipo era homosexual, que seguramente algo quería con él y que tuviera cuidado. «Ve, pues», dice el taxista que dijo, y a partir de esa noche ya no volvió a hacerle carreras al fulano. Terminó así su relato el conductor, y yo le dije que qué coincidencia y que lo sentía mucho. Después le pagué la carrera y le di las gracias porque prácticamente ya habíamos llegado a mi destino. Cuando el taxista paró el automóvil, agregó que el fulano, por cierto, se llamaba igual que él. No quise ni conjeturar por qué me revelaba ese dato y me apresuré a darle de nuevo las gracias y a bajarme del carro. Comencé a caminar, cuando el conductor me llamó, me preguntó cómo estaba de tiempo y me invitó a tomar un café o un trago. Yo me reí sin querer y le dije que no gracias, que mi esposa, con la que por cierto sí estaba felizmente casado, me esperaba y que tal vez en otra ocasión. Luego me di la vuelta y me marché.



Esta entrada fue publicada el 1 de Mayo de 2012 a las 2:06 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 1 comentario, fue clasificada dentro de las categorías Lentes tridimensionales para cíclopes tuertos, Microficción, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
1 comentario

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    Carlos
    29 de Mayo de 2012
    3:10 pm

    Cuidado con los cafecitos…


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