Una contribución más a desenmascarar el creacionismo como lo que es: un pobre monito incapaz de escribir el Quijote, pero capaz de crear una maravillosa y compleja trampa semántica


De la serie Ese afán posindustrial de pensar a colores y hablar en blanco y negro

«Que algo tan complejo y maravilloso como la vida sea el resultado de puras casualidades evolutivas es tan improbable como que un mono, pulsando teclas al azar en una máquina de escribir, logre redactar el Quijote completo», replican los creacionistas y defensores del diseño inteligente en esta clásica parábola que encarna una de las principales críticas a la teoría de la evolución: el argumento de la imposibilidad de que una causa fortuita genere algo perfecto y concertado. Se reconoce que el razonamiento es efectivo y convincente a primera vista. Pero si se lo desmenuza se descubren las valoraciones subjetivas sobre las cuales se sustenta y entonces se revela como un argumento falaz. Veamos por qué. Primero, si sentamos al mismo mono frente a una máquina de escribir, lo hacemos que llene de pulsaciones una hoja de papel bond y después nos encargamos de que repita el ejercicio en una hoja nueva, ¿qué probabilidades hay de que el simio escriba exactamente lo mismo que en la primera página: los mismos caracteres en la misma secuencia y con los mismos espacios? Las posibilidades son prácticamente nulas. El primate incluso puede intentarlo diez, cien, mil veces más y es casi seguro que no lo logrará. Pero en todo esto hay un pequeño detalle: la secuencia original de caracteres ya fue lograda por el mono la primera vez que lo sentamos a la máquina a escribir. Ciertamente es improbable que el azar evolutivo logre crear algo tan asombroso como la vida, pero lo logró aquí y ahora, en este planeta —sin menoscabo de que a lo mejor ya lo logró también en alguna otra parte del universo—. Y si no hubiese generado la vida como la conocemos, habría generado otra cosa cuyas posibilidades de existir habrían sido igual de ínfimas que las de la vida. Pero alguien puede argumentar que la vida y la hoja escrita por el mono son dos cosas completamente diferentes, que esta no es más que una secuencia desordenada de pulsaciones mientras que aquella es un todo complejo y ordenado, lo que me trae al segundo punto de este hilo. Segundo, cuando se califica la vida orgánica como algo único, perfecto, maravilloso, complejo, concertado y adjetivos similares, ¿qué significan exactamente perfección, complejidad y concierto? ¿Cómo se miden o cuantifican esos atributos? ¿La vida es maravillosa y perfecta comparada con qué? ¿La materia inorgánica y sin vida es imperfecta y despojada de maravilla acaso? Yo sospecho que la vida nos parece asombrosa y única a los seres humanos porque nosotros mismos somos seres vivos. Nuestro instinto de supervivencia se encarga de que amemos la vida y la atesoremos por sobre todas las demás cosas. Pero la materia inorgánica y sin vida también posee complejidad y maravilla, si a cualidades subjetivas o relativas vamos. Por supuesto que el Quijote es una obra literaria prodigiosa y única. Pero la secuencia de caracteres pulsados por el mono también es asombrosa, compleja y definitivamente única, solo que obviamente no puede ser considerada un texto lingüístico ni mucho menos una obra de arte como la novela de Cervantes ─a menos, claro, que el mono pulsando las teclas sea el performance de un artista conceptual o algo por el estilo─. La hoja del mono y el libro del español simplemente son dos cosas diferentes y no hay parámetro con el cual juzgar uno respecto del otro. Y si bien en la creación del Quijote intervinieron el intelecto y la voluntad del Manco de Lepanto, la obra es también producto de una serie de azares: si Cervantes no hubiera nacido, si hubiera vivido en otra parte, si hubiera decidido empezar la novela un día antes o después o si, como hicimos con el mono, lo sentáramos a escribir de nuevo la novela en este instante, la obra cumbre de la literatura en lengua española sería diferente a la que conocemos hoy o simplemente no existiría. Comparto la admiración que los creacionistas experimentan al abordar ese fenómeno que conocemos como vida, pero creo que fallan en descubrir la complejidad y maravilla contenida en ese otro fenómeno que conocemos como azar ─que existe, sospecho, solo desde el punto de vista estadístico─.



Esta entrada fue publicada el 8 de August de 2011 a las 12:52 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 2 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Ese afán posindustrial de pensar a colores y hablar en blanco y negro, Postexto, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
2 comentarios

  • avatar
    Marco
    8 de August de 2011
    1:38 pm

    Julio excelente trabajo me gusto sigue con tus ideas de la vida excelente trabajo
    Ciao


  • avatar
    juan ordonez
    8 de August de 2011
    7:57 pm

    Inteligente interpretación de lo que sólo se ve.
    Peligrosa para el ser humano sin preparación y conocimiento de ambas opiniones, que por lo general suelen estar más informadas de una, que de otra.
    La búsqueda de esa verdad es antigua como el mismo ser humano, por lo menos lo que creemos.
    Que bonito ejemplo el del mono, ahora bien, también pudiese ser una casualidad o probabilidad que en vez de un mono sea un ser extraordinario con la capacidad de crear todo con un propósito específico. Sí, esa posibilidad es única, una en infinito.


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