Del patriotismo como razón inversamente proporcional a la objetividad
o
Invitación a celebrar la independencia de Guatemala brindando con tequila


De la serie Ese afán posindustrial de pensar a colores y hablar en blanco y negro

A propósito del mes patrio, de unos años para acá vengo notando que solo cuatro de los veintidós departamentos que conforman la República de Guatemala tienen nombres de origen maya: Petén, Sololá, Quiché y Retalhuléu. Seis tienen nombres en castellano u otro idioma ibérico: San Marcos, Santa Rosa, El Progreso, las dos Verapaces e Izabal (de origen vasco). Los doce restantes, que constituyen la mayoría, tienen nombres en náhuatl, lengua proveniente de México. No digo esto con el afán de aguarle el patriotismo a nadie. Solamente lo traigo a colación porque los guatemaltecos tendemos a renegar mucho de México (no sin razón en algunos casos, dada la forma peyorativa y abusiva con que algunos actores, cómicos y cronistas deportivos de aquella nación se han referido a nosotros en varias ocasiones). No obstante, nos guste o no, la influencia del vecino del norte está presente en nuestra orgullosa guatemalidad. Si no, corroborémoslo con un breve análisis de algunos topónimos guatemaltecos. Empecemos por el más duro de todos (al mal paso darle prisa): Guatemala. Se han propuesto varias teorías sobre la etimología de este nombre, pero sin duda la más aceptada es la que lo asocia al náhuatl cuauhtlemallan, que significaría ‘lugar de muchos árboles’. Desde el nombre nacional, pues, empezamos a sentir la presencia de la cultura mexica en esta tierra del quetzal (esta última palabra igualmente náhuatl, por cierto). Pero eso no es todo. Nuestros amados y orgullosos gentilicios terminados en -teco y –teca (guatemalteco, chiquimulteco, quetzalteco, etcétera) también provienen de aquella lengua extranjera. –Teco, -teca es el sufijo náhuatl para formar gentilicios, como azteca, que es el habitante de Aztlán, y tolteca, que lo es de Tulán. Pero de este idioma también provienen los -tenango (Chimaltenango, Huehuetenango, Momostenango, Chichicastenango, Quetzaltenango, Mazatenango…), los –tepeque o -tepéquez (Sacatepéquez, Suchitepéquez, Olintepeque, Quezaltepeque…), los -apa o -apan (Zacapa, Jutiapa, Jalapa, Petapa, Totonicapán…) y, por supuesto, los -tla o -tlán (Atitlán, Amatitlán, Escuintla, Chiantla, Tejutla…), entre tantos otros. Sin embargo, todavía nos quedan algunos topónimos de los cuales podemos enorgullecernos con irredenta chapinidad, como los terminados en -al (Tikal, Muxbal…), los –uléu (Retalhuléu y Zaculéu, nombres que escribo con tilde porque la exigen las normas de acentuación del español, aunque no estén asentados así oficialmente), los -juyú (Kaminaljuyú, Nimajuyú…) y algunos otros que sí provienen de lenguas mayas o mayadescendientes. Ahora bien: nada de lo que planteo aquí es novedoso, pero no deja de asombrarme la facilidad con que lo olvidamos u omitimos cada vez que despotricamos contra México y ensalzamos a Guatemala como lo mejor que le ha sucedido al universo en sus catorce millardos de años de existencia. Pero me asombra más cómo, pese a la fuerte presencia de esos elementos mexicanos en nuestra identidad, todavía nos damos el lujo de discriminar al indígena guatemalteco, de hacerlo de menos y de despreciar los intentos de este de promover y formar cultura a partir de elementos más vernáculos. Pocos guatemaltecos saben, por ejemplo, que en algunas publicaciones indígenas o sobre temas indigenistas se llama a este país Iximulew, que más o menos se pronuncia /i∫imuléu/ y significa ‘tierra de maíz’. Pero mi intención con todo este análisis tampoco es sugerir que erradiquemos el náhuatl de nuestra identidad. Ese idioma también es parte de nuestra historia y riqueza cultural. Creo que lo único que busco con estas líneas es reflexionar un poco sobre quiénes somos en realidad y urgirnos a que comencemos a vernos con más objetividad. Tenemos que entender que el patriotismo suele ser inversamente proporcional a la realidad, razón por la cual nos ciega a dos o tres verdades inexorables: que nacemos en determinado país por casualidad, no por elección; que las fronteras son motivo de vergüenza, no de orgullo; y que ningún país, como bien decía Shaw, es mejor que todos los demás solo porque uno pertenece a él.



Esta entrada fue publicada el 21 de September de 2014 a las 4:37 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 4 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Ese afán posindustrial de pensar a colores y hablar en blanco y negro, Postexto, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
4 comentarios

  • avatar
    Tarsudo
    22 de September de 2014
    12:55 pm

    Muy interesante Julio. Ya decía yo que todos tenemos algo de…

    Saludos


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    Vicente Vásquez
    23 de September de 2014
    3:58 pm

    Te felicito por tu interés investigativo y por darnos a conocer datos que muchos desconocemos. Un abrazo fraternal, Chente.


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    Emanuel Sergio Orozco
    17 de July de 2015
    1:58 pm

    Muy buen articulo sin embargo a veces confundimos Patrioterismo con Patriotismo.

    Saludos.


  • avatar
    el autor
    15 de September de 2015
    10:37 am

    Emanuel, gracias por su comentario. Muy atinado, a mi parecer. No obstante, me queda la duda de si patriotismo y patrioterismo son tan distintos en realidad. Siento que el segundo es solo una faceta del primero y que ambos faltan a la objetividad, pero a lo mejor me equivoco. Gracias de nuevo y saludos.


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