De músicos sifilíticos y tarados y otros engendros del imaginario popular


De la serie Lentes tridimensionales para cíclopes tuertos

Una señora joven acude al médico y le confía que está embarazada. Le cuenta que ya tuvo tres hijos antes, que los tres murieron poco después de nacer y que está pensando seriamente en interrumpir esta nueva gestación. Solicita, pues, el consejo profesional del doctor. Este le expone el caso de una familia en la que el papá es sifilítico, la mamá es tuberculosa, el primer hijo nació ciego, el segundo murió al nacer, el tercero es sordomudo y el cuarto padece también de tuberculosis. Ahora la familia está esperando el quinto hijo. «¿Qué recomendaría usted: interrumpir el embarazo o dejarlo seguir su curso?», pregunta entonces el médico. «Pues yo me inclinaría por interrumpirlo», declara la mujer, a lo que el galeno responde: «¡Felicitaciones! ¡Acaba de matar a Beethoven!». La joven queda entre confundida y avergonzada, pero finalmente le comunica al médico su deseo de seguir adelante con su embarazo, le da las gracias por haberle abierto los ojos y se marcha del consultorio, mientras el doctor se regocija en la satisfacción de haber salvado una vida. Sin embargo, ni la joven ni el matasanos se percatan de que esos datos sobre el músico alemán y su familia son falsos. El papá nunca padeció de sífilis, la mamá enfermó de tuberculosis ya en sus últimos días de vida, Ludwig van Beethoven era el segundo —no el quinto— de los hermanos y ninguno de ellos padeció las condiciones congénitas que les atribuye este cuento antiabortista del imaginario popular. Pero en realidad todo este asunto de Beethoven y sus parientes es lo de menos. Lo importante de nuestra historia es que aquella joven embarazada se llamaba Klara Pölzl, que el niño gestándose en su vientre era Adolfo Hitler y que aquel doctor, a quien extendemos nuestras más efusivas felicitaciones, con su actitud provida acababa de matar a entre 55 y 60 millones de seres humanos: las víctimas de la Segunda Guerra Mundial, iniciada por Hitler y su nacionalismo exacerbado.


Inspirado en El argumento de Beethoven, de Radialistas.



Esta entrada fue publicada el 13 de Diciembre de 2011 a las 2:09 am por el autor, cuenta hasta ahora con 2 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Lentes tridimensionales para cíclopes tuertos, Microficción, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
2 comentarios

  • 13 de Diciembre de 2011
    12:19 pm

    Me recuerda a aquel dilema ético de la madre cirujana que atiende a su hijo. Un escenario peor: quién se atrevería a matar a baby Hitler?


  • avatar
    Carlos
    14 de Diciembre de 2011
    5:43 pm

    !Caracoles!, que historia, solo diré que a veces no conviene mucho aconsejar y mucho menos hablar de cosas tan complicadas. Es una completa paradoja, el doctor por ejemplo pretendía un bien pero fue un mal monumental, todos sabemos que fue un holocausto y quien nos puede negar que paso asi.


  • Añadir un comentario

    Su correo electrónico nunca será publicado ni compartido. Los campos que sí es necesario llenar están marcados con un asterisco (*).

    *
    *