De medias tintas y otros vomitivos


De la serie Ese afán posindustrial de pensar a colores y hablar en blanco y negro

A veces me pregunto si en verdad viven tranquilas esas personas que dicen no meterse en nada ni con nadie. Porque solemos glorificar esa actitud y la identificamos con la prudencia. Pero ¿será prudente vivir la vida sin tomar partido por nada? ¿Será una muestra de cordura la inacción? ¿O es que la apatía se ha convertido en la virtud del posmodernismo? Me vienen a la mente cuatro referencias al respecto. La primera es cinematográfica. Durante la lección introductoria de Karate Kid, el señor Miyagi le dice a Daniel-san que, si camina por un lado de la autopista, estará a salvo; si camina por el otro lado, también; si se va en medio, será arrollado por un auto. Lo mismo sucede con el karate, reflexiona entonces Miyagi. «Karate yes: safe; karate no: safe; karate maybe: not safe», le enseña a su alumno. La segunda es bíblica (citada aquí sin ánimos religiosos). En el Apocalipsis, el Señor amonesta a los miembros de la comunidad de Laodicea por ser medias tintas. Les pide que sean fríos o calientes, pero nunca tibios, porque por tibios está a punto de vomitarlos de su boca. La tercera es literaria. Casi al principio de la Divina comedia, Virgilio y Dante llegan al infierno. Justo en la entrada, fuera de este, los dos poetas se topan con unas almas que huyen despavoridas de unos insectos que las atacan, aguijonean y emponzoñan. Dante, horrorizado, pregunta quiénes son aquellos espíritus. Virgilio le responde que ellos, en vida, no fueron ni buenos ni malos, ni virtuosos ni viciosos, sino que solo vivieron para sí. Por eso no fueron aceptados ni en el cielo ni en el infierno. La cuarta es cotidiana. Resulta que los guatemaltecos no queremos a los mismos en cargos públicos, pero no participamos en política. No queremos injusticias, pero no protestamos ni apoyamos a quienes sí protestan. No queremos violencia, pero no denunciamos. No queremos medidas lesivas de nuestros derechos, pero no reclamamos. No queremos malos tratos, fraudes ni vejámenes, pero nos quedamos callados ante el conductor que se fuga, el comerciante que nos da gato por liebre, el ladrón que roba en nuestras narices y el empleado que nos atiende mal, nos mira la cara y nos trata como toda su cara. «Es que uno se mete en problemas», replicamos. Pero entonces, por buscar una vida tranquila, por evitar problemas, por no adoptar posturas, nos quejamos de que las cosas estén como están y no entendemos por qué los insectos nos aguijonean, los autos nos atropellan y los dioses nos vomitan de sus bocas.


Publicado en la revista Monitor, de Siglo.21, el 14 de marzo de 2003.



Esta entrada fue publicada el 10 de April de 2012 a las 8:20 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 1 comentario, fue clasificada dentro de las categorías Ese afán posindustrial de pensar a colores y hablar en blanco y negro, Postexto, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
1 comentario

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    Carlos
    19 de April de 2012
    10:21 pm

    COMPARTO EL CONCEPTO, DESGRACIADAMENTE MUCHOS ACTUAMOS Y SOMOS MEDIAS TINTAS, NO TENEMOS COJONES PARA REINVENTARNOS Y TENER DESICION Y ENCARAR LA VIDA DESDE OTRO ANGULO. SO PRETEXTO DE MEJOR NO, DA MIEDO, NO ME ANIMO, NO CONSEGUIRE ALGO MEJOR, YO NO ME METO, ES QUE, NO PUEDO, EN FIN EXCUSAS BURDAS, O SEA NOS AHUEVAMOS…


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