De cómo algunos superhombres no conocerán nunca peor kriptonita que ellos mismos


De la serie Lentes tridimensionales para cíclopes tuertos

Había una vez un joven de talentos y cualidades notables, que sin embargo era dueño de una timidez proverbial, razón por la cual siempre era objeto de las burlas y chistes de los demás. Era incapaz de contestar o de parar en seco a quien hacía bromas a costa de él. Peor aún, entre sus amistades había una muchacha de quien estaba enamorado y a quien no se animaba a decirle nada, lo cual provocaba que sus amigos se burlaran todavía más de él. Nuestro joven empezó a cansarse de ser el blanco de las jodederas, de modo que un día, luego de que sus amigos le gastaran algunas bromas pesadas y se rieran de él en presencia de la joven que le gustaba, salió huyendo del lugar y se internó en un bosque, donde ya en soledad se puso a rumiar su impotencia y furia en voz alta. Que es una mierda. Que por qué todos me joden. Que yo no me merezco esto. Que si yo fuera más fuerte todos me respetarían… De pronto brilló una luz en el cielo, y en medio del resplandor descendió a la tierra un ser de otra galaxia. Se trataba de un humanoide de vestiduras blancas y edad avanzada, de un anciano interestelar, que saludó al muchacho, se presentó como el líder de una lejana civilización extraterrestre y le explicó que nuestro joven había sido elegido, de entre todos los terrícolas mortales, para una misión especial: luchar contra la injusticia y la maldad que imperan en el planeta Tierra. Sería convertido en superhéroe y se le otorgarían poderes sobrehumanos. Tendría la fuerza física de mil hombres, dispararía rayos láser por los ojos y sobre todo podría volar. ¿Volar?, dijo el joven, asombrado. Volar, reiteró el veterano alienígena. Luego el anciano extendió su dedo índice y le disparó al joven un haz de luz que en el acto lo transformó en un supermán con todos los poderes ya dichos. Acto seguido, nuestro extraterrestre y la luz blanca que lo acompañaba se desvanecieron hasta desaparecer completamente. Nuestro joven se quedó allí, solo en el bosque, maravillado por aquella visión. De inmediato caminó hacia una gigantesca roca para tratar de levantarla y corroborar así los poderes especiales que presuntamente le habían sido concedidos y sí. Levantó la roca de varios quintales de peso con una sola mano, sin siquiera pestañear. Luego la dejó en el suelo y desde cierta distancia intentó dispararle rayos desintegradores por los ojos. La acción se llevó a cabo sin ningún contratiempo y la piedra quedó partida en dos. Entonces regresó a la civilización y enfiló hacia el rascacielos más alto de la urbe. Solo le faltaba ratificar su capacidad de vuelo. Llegó a la torre, presionó el botón del ascensor, esperó la llegada de este al lobby, caminó al interior, oprimió el botón del penthouse y ascendió a la cima de concreto. Ya allí caminó hacia la cornisa y extendió los brazos con toda la disposición de lanzarse al vacío. Pero entonces miró hacia abajo y se mareó. Ver a todas aquellas personas allá en el suelo como hormigas, sentir aquella ráfaga asfixiante de aire frío a medio kilómetro de altura y oír el silbido fantasmagórico del viento hicieron que las piernas le temblaran y todo él entrara en pánico. Recordó entonces que su carácter timorato incluía, junto a los temores sociales ya mencionados, una terrible fobia a las alturas. Esto le constituiría, pues, un impedimento serio para volar. Además, tantos dones recibidos del espacio exterior comenzaban a angustiarlo, pues ya el Hombre Araña nos ha hecho ver incontables veces que un gran poder también conlleva una gran responsabilidad. Así que el joven decidió buscar un psicólogo y ponerse a trabajar todos sus temores antes de salir al mundo a combatir el mal. Y los injustos, los malhechores y sus amigos molestones tendrían que esperar para recibir su merecido.



Esta entrada fue publicada el 3 de February de 2011 a las 11:42 am por el autor, cuenta hasta ahora con 2 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Lentes tridimensionales para cíclopes tuertos, Microficción, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
1 comentario

  • 3 de February de 2011
    5:31 pm

    Me encanta tu narrativa, me entretiene, me hace reir y el final fue totalmente inesperado pero te vuelve a la realidad.


  • 1 referencia

  • 3 de February de 2011
    12:46 pm

    […] Esta entrada fue mencionda en Twitter por Ana González, Julio Calvo Drago. Julio Calvo Drago dijo: De cómo algunos superhombres no conocerán nunca peor kriptonita que ellos mismos: http://bit.ly/eVF4GM […]


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