Breve llamado a no perder la calma, que el hecho de que hoy sea el apocalipsis tampoco es el fin del mundo


De la serie Ese afán posindustrial de pensar a colores y hablar en blanco y negro

Con todo este asunto de que hoy comienza el fin del mundo, según predicciones de Harold Camping, fundamentalista cristiano estadounidense y dueño de una inmensa corporación radial que tapizó el mundo de vallas panorámicas anunciando el Juicio Final, me acordé del Apocalipsis ─me refiero al libro bíblico─. Resulta que en mi adolescencia dicho libro era el que más me gustaba de todo el canon, el único que llegué a leer completo más de una vez en el afán de desentrañar su críptico significado. Recuerdo que en algún momento, luego de leerlo y releerlo, llegué a una interpretación personal, una hipótesis a la cual ahora doy por llamar interpretación holística ─si se me perdona el aire semi New Age del título─. Según esta exégesis propia, la Revelación de Juan no se refería a catástrofes en el futuro, sino a procesos internos en el ser humano. Por ejemplo, según esta hipótesis, toda esa idea del fin del mundo o del fin de los tiempos no debía entenderse literalmente como la destrucción del planeta, sino como el fin del mundo y de los tiempos en uno mismo ─esto es, la muerte de lo mundano, temporal, carnal y material en uno─. Para ello se debía pasar por todas las plagas, sellos, trompetas, copas y demás infortunios planteados en el libro, que no serían catástrofes naturales, sino las fases de un complejo proceso de purificación espiritual. De ese modo, con el fin del mundo en uno sucedería la venida de Cristo, que no sería otra cosa que la liberación o potenciación de nuestras propias cualidades espirituales. Finalmente, dicha venida de Cristo instauraría un reino de paz, que lógicamente sería uno interno. Pero, por un principio de generalización holística, todo aquel proceso sería aplicable no solo a seres humanos individuales, sino también a grupos humanos, sociedades, naciones y el mundo entero. Probablemente también a cosas no humanas. Y por cierto me llama la atención que, según descubrí hace un par de años, todo esto que planteo encuentra algún eco en las ideas del autoproclamado psíquico estadounidense Edgar Cayce, quien equiparó las siete iglesias y los siete sellos del Apocalipsis con los siete chacras principales del cuerpo humano; y el abrir aquellos sellos, con los procesos internos de transformación y purificación que sobrevendrían si dicha acción se realizara. Por supuesto que todo lo anterior contrasta ahora con mis puntos de vista actuales, más escépticos e irreligiosos. Pero esta interpretación de mi juventud no deja de parecerme interesante y me suscita una pregunta. ¿Por qué esa necedad de andar viendo desastres mundiales en el Apocalipsis, el final de la cuenta larga de los mayas y similares? ¿Por qué no interpretar las cosas de maneras más benévolas? ¿O es que resulta más rentable poner en una valla un mensaje que haga cundir el pánico que uno que provoque paz interior? En fin, aquella era mi hipótesis antes. En la actualidad me inclino más por una interpretación histórico-crítica y literaria del Apocalipsis. Ahora veo dicho libro más como una especie de poema profusamente encriptado en que el autor, Juan, expresa el anhelo de los primeros cristianos de verse liberados de la opresión de la gran prostituta babilónica ─Roma─ y de ver caer dicho imperio de una manera por demás aparatosa y espectacular ─o sea apocalíptica─. Pero es obvio que esto no podía ser expresado directamente, por lo que el autor cifró el mensaje recurriendo al lenguaje profético de Daniel, Malaquías, Ezequiel y demás visionarios del Antiguo Testamento. Lo irónico es que, más o menos 200 años después de escrito aquel libro, la misma Roma terminó abrazando el cristianismo y adoptándolo como religión oficial. Algo así como que la misma Bestia apocalíptica terminara creyendo y convirtiéndose. Lo cierto es que, pese a mi irreligiosidad, concuerdo con algo que dice la Biblia: nadie sabe el día y la hora final. Y respecto a eso de andar prediciendo fines del mundo, pienso lo mismo que Luis Alfonso Gámez, periodista español para quien hacer ese tipo de vaticinios es una soberana estupidez porque, si no acertás, te convertís en el hazmerreír de todos; y si acertás, nadie queda vivo para reconocer tu mérito.



Esta entrada fue publicada el 21 de May de 2011 a las 11:31 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 4 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Ese afán posindustrial de pensar a colores y hablar en blanco y negro, Postexto, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
4 comentarios

  • 22 de May de 2011
    1:05 am

    Muy interesante publicación, sobre todo la reflexión sobre la visión catastrófica con la que la sociedad está percibiendo los procesos de la humanidad en estos tiempos. Saludos Julio.


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    Pablo
    22 de May de 2011
    1:20 am

    Buen articulo. comparto tu punto de vista.
    En cuanto a este tal señor Camping, no es la primera vez que hace algo asi, en septiembre de 1994 tambien predijo que el mundo llegaria a su fin y aun asi la gente creyó en él. Nuevamente los jodio


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    Sofis
    22 de May de 2011
    5:20 pm

    Buenísima nota Julius. Me hiciste recordar la explicación del Apocalipsis que me hacía mi papá cuando era pequeña y leía él todas las noches la Biblia. Siempre decía que todo era simbólico y que el fin del mundo era cuando uno se iba de este mundo (muerte).


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    el autor
    22 de May de 2011
    6:23 pm

    Me gusta mucho la forma de pensar de tu papá. Gracias también por tu comentario.


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