Breve apólogo del galgo anoréxico que se creía elefante bulímico
o
De cómo en ocasiones el ser humano es la medida más distorsionada de todas las cosas


De la serie Lentes tridimensionales para cíclopes tuertos

Hasta hace poco, todo ese asunto de la anorexia era un poco difícil para mí. Simplemente no entendía cómo una mujer de cuerpo casi esquelético podía verse como hipopótamo frente al espejo. Porque las explicaciones sobre los cánones modernos de la belleza femenina y la presión psicológica que pueden ejercer en una mujer, además de necesidades apremiantes como competir o ser aceptada por todas y todos, aunque arrojaban luces, no terminaban de hacerme comprender la situación. Pero entonces comprendí algo sobre mí mismo. Desde niño yo siempre fui muy desordenado. Y este defecto me preocupaba. Pero en varias ocasiones me atreví a reconocer mi desorganización ante personas que me conocían bien. La mayoría de esas veces me sorprendieron las caras de extrañeza de ellos y ellas. «¿Desordenado vos?», me decían, y a continuación me explicaban que siempre habían pensado de mí precisamente lo contrario. Poco a poco fui entendiendo que las demás personas no solían llevar registros muy detallados y específicos de las tareas, diligencias y proyectos que tenían que hacer. Al menos no como lo hacía yo. También me di cuenta de que a muchos no les importaba comer o trabajar en una mesa con cosas desordenadas sobre ella ni sentían la necesidad de ordenar dicho espacio para estar cómodos y proceder. Por lo menos no como me sucedía a mí. También eventualmente llegué a notar cómo las más personas no empleaban largas horas de su tiempo reorganizando papeles, documentos, libros, discos, revistas y archivos electrónicos en la computadora. Definitivamente no al menos como lo hacía yo. Por fin entendí que todos estos años me los había pasado creyendo que yo era un desorganizado de mierda, cuando en realidad poseía un sentido del orden que a muchas personas les podía parecer compulsivo e incluso apabullante. Pero lo más irónico de todo es que aquella necesidad de orden mía seguramente era producto de mi misma creencia de que era desordenado. Solo entonces concebí en una nueva dimensión cómo una persona con determinada característica puede llegar a creer, hasta de maneras obsesivas, que padece precisamente la característica opuesta. Comprendí, por ejemplo, cómo una mujer flaca puede llegar a sentirse gorda y enfermar de anorexia en consecuencia.



Esta entrada fue publicada el 9 de June de 2011 a las 1:57 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 3 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Lentes tridimensionales para cíclopes tuertos, Microficción, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
3 comentarios

  • 9 de June de 2011
    2:23 pm

    ¡Reconocerlo es el primer paso! ;o)


  • avatar
    Ángela Fonseca
    9 de June de 2011
    3:39 pm

    Me ha gustado tu texto, vos, no sólo por lo de que los seres humanos somos el parámetro más distorsionado con el que medimos las cosas, sino por tu apertura mental (que a muchos les hace falta) para intentar ponerte en los pies de otra persona, sobre todo en los de una mujer. Y para aquellos que digan que la anorexia es una tontería, yo también lo creía, hasta que vi un documental en el cual la anorexia no es simplemente una cuestión psicológica, tiene mucho que ver con bases químicas y los circuitos serotoninérgicos, es decir, un gran rollo químico en el que no sólo está involucrado el cerebro, sino todo el sistema endocrino; sin embargo, por su complejidad, los médicos no saben cómo tratarla. Yo creo que la gente debe documentarse más y ponerse en los pies de los demás (como vos intentás en este texto) para no juzgar aquello que desconocemos. Ya sólo con eso el mundo sería mejor. Abrazos desde Barcelona.


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    Bill
    9 de June de 2011
    5:49 pm

    Juzgarse con objetividad es de lo más difícil, siempre somos sujetos de nuestras mismas reflexiones. Sucede también que personas que se ensañan en señalar defectos en los otros tienen esas mismas características que critican. Tal vez esto sea otro tipo de distorsión en la percepción de lo que somos.


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