Algunas de las razones que me impelen a pedir pena de muerte para la pena de muerte


1

Si cree en la pena de muerte, pregúntese lo siguiente. ¿Sería capaz de ejecutar usted mismo a un condenado a la pena capital? ¿Se ofrecería voluntariamente a hacerlo? ¿Podría entrar al módulo de ejecución, ver al reo a los ojos y accionar la palanca, llave o botón de la inyección letal mientras le dice «bien merecido te lo tenés, hijo de puta»? Si su respuesta es no, ¿por qué aboga por algo que no es capaz de poner en práctica? Si su respuesta es sí, respeto su opinión entonces, pero no deja de inquietarme la alta probabilidad de que usted sea un psicópata.


2

Adolfo Hitler, Efraín Ríos Montt, Iósif Stalin, Augusto Pinochet, Francisco Franco, Idi Amin, Benito Mussolini, Rafael Videla, Richard Nixon, fray Tomás de Torquemada… Todos ellos propugnan o propugnaron ferozmente la pena de muerte. Todos ellos cometieron —o se alega que cometieron— asesinatos, masacres, genocidios y otros delitos contra la vida para los cuales muchos códigos penales prescriben pena de muerte. Curioso, ¿no? Muchas veces quienes más propugnan la pena capital son precisamente quienes más la merecerían según los códigos penales que ellos mismos defienden y sustentan.


3

Si un ser querido mío fuera víctima de asesinato, secuestro o violación, ¿acaso no sentiría deseos de matar yo mismo a quien perpetró el crimen? Seguro que sí. Justamente por eso sería la última persona a quien debieran preguntarle cómo proceder con un criminal. Con todo respeto y sin ánimos de parecer insensible, la víctima de un crimen es el peor consejero judicial que puede haber. La víctima que busca justicia es capaz de vapulear, linchar y quemar vivo a un ladrón por haber robado una gallina. La víctima que busca justicia es capaz, únicamente por sospecha, de irrumpir en el hogar de un presunto delincuente y de aniquilarlo a él y a toda su familia. La víctima está tan invadida de rabia, dolor e impotencia que con frecuencia se ve impedida de emitir un juicio racional. Y aunque el dolor de la víctima debe respetarse, tenerse en cuenta y apremiar a la toma de medidas judiciales efectivas, el tema de la pena de muerte no puede ni debe abordarse de otro modo que no sea racionalmente.


4

Según estimaciones, alrededor del ochenta por ciento de la población guatemalteca se declara a favor de la pena de muerte. La mayoría de estas personas son cristianas, católicas o no católicas. A todas estas personas, que fundamentan su fe en Cristo y sus enseñanzas, solo quiero recordarles una cosa: Cristo sufrió la pena de muerte en carne propia.


5

«Urge aplicar la pena de muerte en Guatemala», dice quien está a favor de ella. Pero ¿qué sucedería si la pena capital verdaderamente se aplicara en el país? En mi opinión, nada. No pasaría absolutamente nada. Sucedería que el marero continuaría extorsionando y matando, pues de todos modos él ya está condenado a muerte por la mara enemiga. Sucedería que el narco seguiría asesinando, pues él de todos modos ya está sentenciado a muerte por los sicarios del cartel enemigo. Sucedería que el sociópata seguiría asesinando, torturando, masacrando, violando y secuestrando, si de todos modos él, por su condición psicológica, no siente preocupación por lo que le pueda pasar incluso a él mismo. Sucede que en los países donde se aplica la pena de muerte la cantidad de ejecutados en un año no necesariamente disminuye al año siguiente —¿acaso dicha disminución no podría ser un indicador de lo disuasiva que es la pena de muerte?—. Sucede que los países que aplican la pena de muerte no necesariamente tienen índices de violencia menores que aquellos que no la aplican. Sucede que la pena de muerte ya ha probado incontables veces su ineficacia en la prevención del crimen. Sucede que la pena de muerte no es sino más violencia para una sociedad harto golpeada por la violencia.


6

¿Dice usted que se sentiría más seguro si en Guatemala se aplicara la pena de muerte? Muy bien. ¿Se imagina usted siendo acusado de un asesinato, secuestro o violación que no cometió —que en Guatemala ha sucedido más de lo que cree—? ¿Se ve a usted mismo en el juicio, defendido por un abogado inepto que de cualquier manera va a cobrar sus honorarios, acusado por un fiscal ávido de una condena porque sus superiores le exigen resultados, insultado por un grupo de personas pro pena de muerte que afuera de la sala gritan «maten a ese criminal, aplíquenle la inyección»? ¿O es que usted cree que el error judicial y la ejecución de personas inocentes no son hechos reales, aun en países donde la aplicación de la ley es más justa y eficiente? La idea de que usted o yo podemos ser acusados en cualquier momento de un crimen que no cometimos es inquietante —más en un país como el nuestro, donde la Justicia opera de manera ineficiente—. Pero es más inquietante la idea de que por esa acusación injusta usted o yo podríamos recibir una condena injusta. Más inquietante aún es la idea de que esa condena injusta sea a muerte. Por lo menos este último riesgo podría evitarse si los códigos penales del mundo se deshicieran de una vez por todas de la pena capital. La pena de muerte es un riesgo para usted y para mí, aun si somos inocentes. ¿No se supone que uno de los fines últimos de la ley es proteger al inocente?


7

¿Qué es la pena de muerte? Pues una acción consecuente con la creencia de que algunas faltas consideradas graves deben ser castigadas con la muerte. Como el linchador cree que el criminal debe ser linchado. Como el dictador cree que el guerrillero, el terrorista y el opositor político deben ser perseguidos y muertos. Como el ciudadano semiparanoico cree en la portación legal —y hasta ilegal— de armas y en volarles plomo a los delincuentes. Como el genocida cree en arrasar con aquellos pueblos, comunidades o etnias que propician el mal, cobijan subversión o desestabilizan el sistema. Como el asesino en serie cree que sus víctimas deben morir porque sus voces le dicen que son personas malvadas. Como el mafioso cree en castigar con la muerte a sus rivales, a los soplones y a sus extorsionados morosos o rebeldes. Como el jefe de Policía autoritario cree en la ejecución extrajudicial. Y lo paradójico es que todas estas acciones son crímenes punibles con la pena capital. Pero igual vaya y pregúnteles a quienes las llevan a cabo. Le aseguro que la mayoría, si no todos, creen a ojos cerrados en la pena de muerte.



Esta entrada fue publicada el 7 de Octubre de 2010 a las 1:00 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 7 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Postexto, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
7 comentarios

  • avatar
    Sergio
    7 de Octubre de 2010
    8:37 pm

    En todo tienes razón, especialmente en que es más violencia para un país tan golpeado por la misma.
    Necesitamos revertir nuestros hábitos y conductas y no es repitiéndolos que eso se logra.
    Seamos compasivos, veámonos a nosotros mismos en los demás y tratemos de entender a los límites a los que nos hemos llevado por permitir todo lo que hemos permitido.


  • avatar
    Pancho
    7 de Octubre de 2010
    10:48 pm

    Le pregunté una vez a uno de mis patojos, ¿Por qué lo insultaste? y su respuesta fue, porque el me insultó primero. Querés decir, le decía, que si te roban tenés derecho a robar… Vivimos todavía en una sociedad moralmente inmadura que cree que si se es irrespetado tiene derecho a irrespetar. La pena de muerte es a todas luces una violación flagrante de los derechos humanos. Bien decía Ghandi: “La ley del ojo por ojo va a dejar a todo mundo ciego”.


  • 8 de Octubre de 2010
    6:02 pm

    Diste una lección de derecho penal, con la que no puedo estar más de acuerdo. Saludos.


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    Tato
    12 de Octubre de 2010
    3:52 pm

    Interesante la opinión que has hecho mi amigo. Te doy la razón en tales comentarios. Pero como bien tenés la razón en la primera cara de la moneda ya quedará en manos de … quien sabe que hijos de la patria…, esperemos sean gente de buena… escuela, buscar la mejor forma para que los en “teoría” culpables de algunos de los atropellamientos a la vida humana que enumeraste, encontrar, alguna forma para que retribuyan a la sociedad


  • 13 de Octubre de 2010
    7:39 am

    Mucho gusto, un amigo me refirió tu blog y me parece muy sensato e interesante.

    ¿Qué opinión te merece el tema del nuevo impuesto de reconstrucción?

    A mi criterio es la salida más fácil de taparle el ojo al macho.

    Saludos.-


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    Ana
    17 de Octubre de 2010
    6:55 pm

    Yo sí creo en la pena de muerte… pero la que trae la consecuencia de nuestros actos, el que comete un asesinato a sangre fría o cualquier crimen que necesita esa falta de consideración al ser humano ya está muerto de antemano, por dentro una tumba está preparada sólo esperando su deceso final, que por lo regular es igual de trágico como el crimen cometido, pues ha venido muriéndo día a día, sin saber con certeza que ha sido víctima también de ésta nuestra sociedad.


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    Surama
    22 de Enero de 2011
    8:18 pm

    En todo estoy muy de acuerdo, yo no estaba a favor, pero no encontraba fundamentos estables y verdaderos como estos, para discutirlos con las personas que o están.


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