Todo lo que siempre quise saber sobre el futbol y nunca me atreví a preguntar (porque de sexo, del que tampoco sé gran cosa, por lo menos ya me animé a consultar un par de cuestiones por ahí)


De la serie Un poco de crítica seria sobre cosas nada serias

Hay cosas que no entiendo del futbol. Tal vez porque nunca me ha gustado, pero lo tengo que admitir: hay cosas del denominado deporte rey que simplemente no entran en esta antifutbolística y dura cabeza mía. No entiendo, por ejemplo, todo ese asunto del offside: cuándo la posición adelantada de un jugador es una posición adelantada y cuándo la posición adelantada de un jugador no es una posición adelantada. No entiendo tampoco por qué Guatemala, país que se declara apasionado por el fut y cuyos clubes deportivos y federaciones invierten millones en el dichoso deporte, no ha conseguido nunca estar en un mundial ―mientras que otras disciplinas deportivas, el futbol femenino incluido, sí han generado preseas y reconocimientos para el país, o al menos han logrado la clasificación de sus equipos a justas internacionales importantes, y con presupuestos de risa―. Mucho menos entiendo eso de que los rojos (hinchas del club Municipal) y los cremas (hinchas de Comunicaciones) se enemisten al grado de que se insultan, se muelen a golpes y en un par de ocasiones creo que hasta se han matado entre sí, cuando muchas veces los mismos jugadores de ambos clubes se echan los tragos juntos después de un partido. Pero lo que menos entiendo, ya en el ámbito de los mundiales, es eso de que las selecciones nacionales que no destacaron en una Copa del Mundo tengan que rendir cuentas de ello ante la FIFA y sus respectivas federaciones de futbol. A la selección de Francia, por ejemplo, se la critica después del papelón que hizo en el reciente mundial de Sudáfrica, donde no pudo ni siquiera pasar a octavos de final ―después de haber sido subcampeón―, y Raymond Domenech, su ahora exentrenador, tuvo que dar explicaciones a la FIFA sobre el pobre desenvolvimiento de la selección. En similares condiciones está Marcello Lippi, DT de la selección italiana, previa campeona mundial, quien también tiene que rendir cuentas ante la FIFA y la federación italiana de futbol por el mal desempeño de la selección en el mismo mundial. En Brasil, Dunga está igualmente en aprietos por no haber sabido llevar a su selección más allá de los cuartos de final. Y en Argentina ya se está evaluando la continuidad o destitución de Diego Armando Maradona como director técnico de la albiceleste luego de que tampoco esta pudiera avanzar a las semifinales. Simplemente no entiendo esto de que un entrenador y una selección nacional sean fiscalizados por el futbol institucional, tanto internacional como local, por no ganar o quedarse a medio camino. Yo me pregunto: ¿no se trata de eso el mundial? ¿De competir? ¿Y no en una competencia siempre hay ganadores y perdedores? Pero es que lo que Lippi, Domenech y Dunga tienen que explicar es por qué le apostaron a un futbol defensivo ―a un antifutbol, que le llaman ahora―. Bueno, ¿y acaso un elemento vital de toda competencia no es precisamente la incertidumbre de si se va a ganar o no? Si Brasil, Italia y Francia solo le apostaron a un estilo que creyeron que los llevaría lejos, pero una de dos: o es tan sencillo como que se equivocaron, o sus rivales les apostaron a esquemas y métodos que resultaron más funcionales en este preciso mundial. Lástima por aquellas selecciones, pero tengo que insistir: ¿acaso no son así las competencias? Imaginemos por un momento que todos, absolutamente todos ―los doscientos y pico países asociados a la FIFA―, tienen selecciones excepcionales. Todas ellas son dreamteams, con Messis, Kakás, Iniestas, Sneijderes y Casillas en sus onces ―hasta la de Guatemala―. Todas se desempeñan a la perfección, con el jogo bonito de la auriverde y el pase veloz de la Naranja Mecánica. De todos modos en los rankings de la FIFA solo una de esas doscientas perfecciones encarnadas en selecciones futbolísticas va a ocupar el primer lugar, una de ellas el último, todas las demás los doscientos y pico lugares intermedios. Y a la hora de la Copa, de esos doscientos dreamteams solo treinta y dos van a conseguir una plaza en el mundial, de esas treinta y dos selecciones solo dieciséis van a pasar a octavos de final, de esas dieciséis solo ocho van a pasar a cuartos, de esas ocho solo cuatro van a pasar a semifinales, de esas cuatro solo dos van a jugar la final y de esas dos solo una se va a consagrar como el campeón mundial. ¿Qué? ¿La FIFA y las federaciones de futbol van a reconvenir y a exigirles cuentas a todos, del subcampeón para abajo, por no haber ganado la Copa del Mundo? Perdón desde ya por mi flagrante ignorancia en temas futbolísticos, pero es que sencillamente no entiendo.



Esta entrada fue publicada el 13 de Julio de 2010 a las 5:08 pm por el autor, cuenta hasta ahora con 0 comentarios, fue clasificada dentro de las categorías Postexto, Un poco de crítica seria sobre cosas nada serias, y puede ser buscada mediante las etiquetas , , . Siga los comentarios de esta entrada mediante alimentación RSS.
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